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OSCAR IZQUIERDO*

El gallo que creía que el sol había salido para oírle cantar

9/jun/18 6:28 AM
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El poeta Juan Ramón Jiménez insistía en "la verdad evidente" como fórmula infalible para desmontar cualquier intento de manipular la realidad circundante y vivida. Cuando no se asume la responsabilidad debida, no se sabe acometer las obligaciones del cargo o no se tiene capacidad para asumir las competencias, viene necesariamente la disculpa, la demagogia, el incesante buscar enemigos y culpables por todos lados, para enmascarar la propia mediocridad personal. Hay que tener mucho cuidado con el que intenta subordinar el interés común, a miras particulares, porque sencillamente lleva al caos absoluto. No todo vale, ni todo es conveniente, es más, cuando se trata del bien general hay que dejar de lado cualquier vanidad, para anteponer lo que beneficia al conjunto de la sociedad. Los "yoismos" han sido catastróficos para los pueblos, la historia está llena de salvadores de la patria que han dejado a su paso tierra quemada. Iluminados que piensan que son imprescindibles y lo cierto es que estorban, más que ayudan. El lumbrera público, mal gestor, que busca la crispación, creando a su alrededor polémica, para tener presencia facilona en los medios de comunicación social y así alimentar su dosis diaria de vanidad, sin importarle el daño que hace a la convivencia social, existe, hay que desenmascararlo. La escritora británica Mary Anne Evans lo definió muy bien "era como un gallo que creía que el sol había salido para oírle cantar".

Lo que hay que hacer se ejecuta, así se modela la eficiencia. No valen pretextos sabidos que, si la Administración es lenta, falta de personal técnico, problemas competenciales, que los procedimientos administrativos son engorrosos, con eso se cuenta desde siempre. La gestión pública debe aprender de cómo se trabaja en la iniciativa privada: se aprovecha el tiempo, se valoran los recursos humanos, se hacen producir los materiales. Procrastinar, a saber, posponer lo que hay que hacer, por otras actividades más placenteras no lleva sino a la frustración y eso es lo que está pasando, no se ven acciones correctoras, eficientes, sólo colas, por la mañana, por la noche, a todas horas. Mientras tanto, la única solución viable que encuentran es darnos charlas, conferencias, encuentros para explicarnos los planes de movilidad de Tenerife, a estas alturas si nos examinan, sacamos todos matrícula de honor, después de tantos años escuchando parecidas teorías, con distintas palabras, a las mismas personas; siguen en su mundo virtual. Todo es más sencillo, terminen los proyectos y empiecen las obras para descongestionar el tráfico, así tendremos la movilidad necesaria.

Hace falta gestión eficaz, que se note. La teoría es para las aulas, no pueden seguir considerando al conjunto de los ciudadanos como si fueran infantes, faltos de capacidad de raciocinio, a los que hay que dirigir, incluso engañando, porque son incapaces de decidir. No es así, todo lo contrario; cada vez somos más exigentes, porque estamos más informados y formados. Conocemos nuestros deberes, pero exigimos nuestros derechos. Los que tienen responsabilidades públicas deberían saber que no es sólo cada cuatro años cuando hay que dar cuenta, son todos los días. Eso significa dejar de lado lo aparente y ponerse al tajo con decisión.

La congestión de nuestras carreteras repercute negativamente en nuestra vida diaria y también en la actividad económica. Llevamos décadas con la misma cantinela de planes de movilidad, que por cierto nunca se han implementado, pero sí han servido para "marear la perdiz", que se encarguen estudios, se paguen jugosos sueldos, se ocupen cargos públicos y se viva del cuento. Lo mismo pasa con el transporte público, hablar, se ha hablado hasta por los codos, hacer que se sepa, presentar en bonitas puestas en escena las renovaciones periódicas de las guaguas y basta. En cuanto al coche compartido, los responsables insisten machaconamente en culpabilizar a todos los ciudadanos por ser tan insolidarios de ir solos en sus vehículos, cuando podrían llevar a dos o tres vecinos, eso sí, mientras tanto ellos no se bajan del coche oficial, cómodos e intocables.

Basta ya de tanta falsa promesa, necesitamos que se comiencen las obras, las prioridades también las saben, es más, las han puesto, las han aprobado, pero son incapaces de ejecutarlas, no saben, ya decía Ghandi "las acciones expresan prioridades". Ahí está el principio de la solución, dejar de ser burócratas de cuello blanco insensibles a las necesidades del pueblo. Más vale boca cerrada y mano trabajadora que político dicharachero, que no es lo mismo que chicharrero.

*Presidente de Fepeco

OSCAR IZQUIERDO*