MARIO OTERO ANDIÓN*

Ante todo, mucha calma

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Más allá de la petición que da título a este artículo, quiero, en primer lugar, pedir disculpas si alguna persona no se sintió bien atendida del todo cuando el pasado domingo la compleja meteorología, ya conocida, del Aeropuerto de Tenerife Norte provocó que parte de las operaciones programadas no pudieran realizarse.

Hace años se realizó una fuerte inversión con todo el equipamiento necesario para poder llevar a cabo muchas más operaciones con esa baja visibilidad y que el domingo provocó desvíos y cancelaciones de vuelos, pero las maniobras con esta tecnología no se han podido validar por un problema de fuertes vientos racheados en la aproximación final del aeropuerto, consecuencia de la orografía que circunda al aeropuerto. Les puedo asegurar que en AENA somos los más interesados en que esas aproximaciones, denominadas como categoría II, pudiesen implementarse. Sin embargo, pese a esta limitación, el número de operaciones afectadas por causas meteorológicas en Tenerife Norte no llega al 0,7% del total anual, lo que no impide que cada cierto tiempo tengamos jornadas complicadas como la del domingo.

Ante situaciones así, Tenerife cuenta con una gran ventaja respecto a otras islas e, incluso, con algunos destinos de la Península, al poseer dos aeropuertos, con la particularidad añadida de que las condiciones meteorológicas en Tenerife Sur son excepcionalmente buenas, lo que permite recibir los vuelos desviados desde el Norte cuando en ese otro punto de la Isla las condiciones meteorológicas son complicadas. En AENA tenemos un procedimiento de coordinación entre ambos aeropuertos para tratar de gestionar estas situaciones de la mejor manera. Primero, salvaguardando la seguridad operativa y, después, tratando de proporcionar la mejor de las atenciones posibles a los pasajeros. Así se intentó el pasado domingo. Para ello, facilitamos todas las informaciones que las compañías aéreas nos iban dando sobre sus planes. Quiero aclarar que la plataforma de Tenerife Sur -destino de los desvíos desde Tenerife Norte- no se llenó en ningún momento. Además, no se cerró su pista, a causa de las obras de repavimentación actualmente en marcha, hasta las 00:45 del lunes, solo cuando ya se terminó de atender a todos los vuelos que lo solicitaron. Si se hubiese producido alguna petición al respecto, estábamos en disposición de que el citado cierre se hubiese prolongado lo que fuera necesario. Aunque no todo fue perfecto, sí que se hizo todo lo posible.

Es muy complicado rehacer la programación de vuelos, las rotaciones de aviones y tripulaciones, el exceso de actividad de algunas de estas últimas o la búsqueda de guaguas para el traslado de pasajeros entre aeropuertos -muchos tuvieron que ir en taxis- ante una situación que implicaba a centenares de personas con el lógico deseo de coger sus vuelos.

Les aseguro que todos y cada uno de los profesionales que ese domingo estaban a pie de terminal (AENA, asistencia en tierra, compañías aéreas, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, seguridad privada, limpieza, mantenimiento, etcétera), al igual que ocurre todos los días del año, hicieron todo lo que estaba en sus manos para atender las necesidades de información a los pasajeros de la mejor forma y no puedo más que alabar su labor en una situación muy compleja. Insisto en que se trató de atender las necesidades de todos y cada uno de los afectados, con la misma consideración y respeto, tanto a los que eran autoridades como al niño que venía de un torneo de fútbol y sólo quería ir a dormir a su casa.

Hace años alguien me dijo que el transporte aéreo debía copiar el compromiso de puntualidad del AVE y devolver el importe pagado si no se llegaba en hora, mi respuesta fue que en el caso del AVE tanto el tren como las vías y los maquinistas estaban en la misma empresa y no les afectaba la meteorología, salvo circunstancias excepcionales. El transporte aéreo es mucho más complejo, aunque todos intentamos que los vuelos sean puntuales y lleguen al destino programado.

No hace mucho mi padre fue sometido a una intervención quirúrgica a vida o muerte que duró más de siete horas, yo quería saber cómo iba a resultar antes casi de empezar y luego solicitaba información cada cinco minutos. Pero nadie me la podía dar sin dejar de atender lo importante. Cuando el cirujano pudo me informó y le tuve que pedir disculpas por mi impaciencia, pero nunca podré agradecerle lo suficiente que le salvara la vida.

Como dice el lema de aquel grupo emblemático de la movida viguesa de los años 80, en situaciones complicadas: ante todo, mucha calma.

*Director de Aeropuertos Grupo Canarias de AENA

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