JOSÉ VICENTE GONZÁLEZ BETHENCOURT *

Los huidos de El Hierro

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Hace unos años pasé unos días en casa de Manuel Hernández Casañas en El Pinar durante la Bajada de la Virgen de los Reyes, gracias a lo que conocí a su agradable familia y tan original y colorida fiesta, a la que siempre he vuelto y espero seguir haciéndolo. Manolo y yo hicimos gran amistad tras un acto celebrado en el Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife a principios de 1983, cuando accedió a la dirección provincial de Televisión Española y un servidor a la del Insalud, siendo Eligio Hernández gobernador civil. Manolo me habló de las calamidades y peripecias de su padre al inicio de la Guerra Civil en julio de 1936, siendo la primera vez que oí hablar de los "huidos", un grupo de herreños escondidos para no ser víctimas de la represión que con saña se produjo en El Hierro. Ya por entonces había conocido a José Padrón Machín, con el que mantuve alguna tertulia interesado en conocer de viva voz la historia de los huidos, siendo Padrón Machín uno de los que la vivieron en carne propia, tanto que uno de sus escondites fue un goro de cochinos.

De acuerdo con el valioso trabajo de investigación realizado por Miguel Ángel Cabrera Acosta, publicado como "La represión franquista en El Hierro", 1985, y "El Hierro durante la II República", 1988, el estallido de la Guerra Civil reabrió la lucha de clases en la isla con alto grado de violencia entre la clase dominante (la derecha) que habiendo perdido las elecciones generales recurrió a la represión, y el campesinado, representado por la coalición política que las ganó (la izquierda, dirigentes obreros y PSOE, sobre todo). Represión que fue iniciada por la Falange procedente de El Hierro, La Palma y la Gomera, bien trasladando a prisiones de Tenerife y Gran Canaria a quienes rechazaron el golpe de estado, o bien mediante apaleamientos colectivos en plazas y casinos, interrogatorios, expedientes a maestros, funcionarios y militantes obreros, así como a familiares y amistades de los huidos, siendo estos dirigentes obreros y socialistas que optan por ocultarse en los lugares más insospechados y audaces, permaneciendo fugitivos durante años.

Para impedir su apresamiento se organiza un entramado protector de provisión de alimentos y construcción de escondites, a pesar de la coacción y "fusilamientos" simulados a familiares y sospechosos de auxilio. Los huidos fueron Manuel Hernández Quintero, socialista, alcalde de Firgas, sobre cuya vida el cineasta Pablo Fajardo acaba de realizar un documental, "El huido"; Manuel Padrón Casañas, socialista y dirigente del Sindicato de panaderos y Juventudes Socialistas; José Padrón Machín, presidente del PSOE herreño en la II República y director de La Voz del Trabajo; Francisco Acosta Quintero, presidente de la Sociedad de albañiles; y los obreros Juan Acosta Quintero y Aniceto Acosta Cabrera. Este fue el primer apresado a mediados de 1937, Miguel Padrón el segundo en marzo de 1938, entregándose voluntariamente por esta fecha Padrón Machín, permaneciendo escondidos los otros tres hasta 1944, en que se entregaron, siendo sometidos a un Consejo de Guerra con penas de prisión y trabajos forzosos.

Sorprende mucho una represión tan desproporcionada en una sociedad pequeña, en la que todos se conocían, y salvo disputas puntuales, conviviendo en paz y armonía, por lo que las autoridades franquistas recurrieron a gente de fuera de la isla para sofocar cualquier intento de rebelión popular, al tiempo que restablecieron el poder económico, social y político en la clase dominante anterior a la República, concentrándose en torno a los huidos el rechazo al gobierno franquista, y así, en marzo de 1938, en una montaña de lo alto de Valverde se colocaron pancartas de apoyo a la República y a Azaña, en abril de 1944 se celebró un mitin clandestino en Isora al que asistieron unas 300 personas, y en El Pinar una manifestación cantando La Internacional, con vivas a la República, Azaña y Largo Caballero y gritos contra Franco, la que trata de impedir un escaso número de militares con violento enfrentamiento, habilitándose luego un campo de concentración en El Jabito, donde se recluye a unos 60 herreños destinados a trabajos forzosos para construir la carretera de Isora y el tendido telefónico. Según Miguel Ángel Cabrera, desde el inicio de la Guerra Civil hasta la entrega de los últimos huidos ocho años después, más de 200 herreños fueron detenidos y 54 sufrieron prisión fuera de la isla.

* Doctor en Medicina y Cirugía, ex senador PSOE

jvicentegbethencourt@yahoo.es

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