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El Teide que vieron los antiguos era más bajo y menos visible, según los expertos

Los datos históricos y las crónicas revelan que romanos, fenicios y cartagineses no contemplaron el volcán en su máximo apogeo, antes de las erupciones que les siguieron, aunque ya entonces lo consideraban la montaña más alta del mundo, lo que despertó la curiosidad por medirla.
EFE, La Laguna
13/jul/03 20:20 PM
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El Teide que vieron en la antigüedad romanos, fenicios y cartagineses era bastante más bajo y menos visible desde el mar que el actual, que aumentó su volumen con las erupciones posteriores, y tampoco Humboldt reconocería hoy en la vegetación que rodea al volcán la pobreza de flora que percibió en el siglo XVIII.

El estudio de crónicas y datos históricos y arqueológicos revela que la visión actual del Teide es diferente de la que se tenía en la antigüedad, cuando también se pensaba que era la montaña más grande del mundo y se despertó la curiosidad científica por precisar su altura, lo que no se consiguió hasta 1776.

El relato de las crónicas antiguas y los problemas surgidos para medir el Teide serán abordados en un seminario sobre las expediciones científicas realizadas a Canarias en los siglos XVIII y XIX, incluido en los cursos de verano que organiza la Universidad de La Laguna en Adeje.

Eustaquio Villalba, geógrafo y miembro del Patronato del Parque Nacional del Teide, que disertará sobre este asunto, dijo que el volcán que se podía distinguir en la antigüedad era "bastante más bajito", ya que no existía la parte conocida como "pan de azúcar", y que son las coladas negras y "melenas" producto de las erupciones.

Aunque no se conservan crónicas de la época clásica en las que haya una alusión directa al Teide, en la "Historia natural" de Plinio El Viejo se menciona la montaña de nieve que vio el rey mauritano Juba II, protegido del emperador romano Augusto, durante su expedición a Canarias, en el primer siglo antes de Cristo.

La primera referencia literaria que se conoce del Teide aparece en el siglo XIV en un relato de Bocaccio, en el que el autor italiano transcribe del latín el viaje que realizaron dos centurias antes los hermanos Vivaldi, y de la descripción se deduce que había poca actividad en las fumarolas del volcán, explicó. Una de las características de las crónicas antiguas es la preocupación por conocer con precisión la altura del volcán y desde qué distancia se podía percibir, lo que fue un enigma hasta que en el siglo XVIII se resolvió matemáticamente este problema.

El Teide despertó el interés de los navegantes de la época, pues no se conocía ninguna montaña tan alta en el Atlántico norte y el volcán se convirtió "en el gran faro" del océano desde las islas británicas hasta Camerún, detalló Vi-llalba.

No obstante, la primera descripción física del Teide la efectuó el ingeniero italiano Leopoldo To-rriani, que subió al volcán en el siglo XV.

Primeros intentos

El profesor titular de Análisis Matemático de la ULL Francisco La Roche dijo que a las Islas llegaban científicos para experimentar los nuevos instrumentos tecnológicos, como relojes y barómetros, y la primera medida "relativamente buena" del Teide la consiguió el francés Louis Feuillée en 1724. No obstante, Feuillée se equivocó, y cifró la altura del Teide en unos 400 metros más de los 3.718 estimados, porque tenía poco tiempo y escasos medios aunque, según indicó La Roche, sí fue preciso al determinar la longitud de La Laguna. Hasta 1776 no se midió con precisión el volcán, cuando Jean Charles de Borda, con diecisiete ayudantes, logró calcular la posición y la altura del Teide, lo que a su vez fue determinante para elaborar el mejor mapa de las islas que se había hecho hasta la fecha. También la medición del Teide influyó en las teorías matemáticas de la época y los documentos referentes a los cálculos efectuados por Borda, que se han perdido, fueron citados por el naturalista alemán Alexander von Humboldt. Sin embargo, apuntó Villalba, Humboldt "no reconocería hoy" Las Cañadas, un paisaje que mostraba una pobreza enorme de flora en la época en que fue visitado por el naturalista.