POR JESÚS DEL CERRO

¡Hey mate!

¡Hey mate!
Edición impresa

P or fin cruzaba el Pacifico... el finger, la maleta, inmigración y era oficial: estaba en Australia. Una de las primeras cosas que te das cuenta al llegar es que la gente se llama uno a otro usando la palabra "mate" (compañero) todo el mundo es "mate" de todo el mundo. La explicación que me dieron me pareció convincente, y me gustó: Australia es un país joven y peligroso, hasta hace muy poco todo estaba por descubrir, por explorar, además Australia es un país de inmigrantes, nadie tenia familia allí y en esa situación la gente debía encontrar a alguien en quien confiar, buscar un compañero, un "mate", que te guardara tu zona de búsqueda de oro mientras tu ibas a comprar víveres, que saliera contigo a buscar ganado, que te velara el sueño en mitad de "outback" australiano mientras se hacía noche al raso y después tú se la velabas a él... lo que mucho después "La bola de Cristal" trató de enseñarnos, "Solo no puedes, con amigos sí", ellos lo hacían mucho tiempo antes.

Mi llegada a Sidney después de 25 horas de vuelo y escalas en Santiago de Chile y Auckland fue muy agradable. James Pillion, un joven director de cine australiano al que le estoy produciendo su primera película, vino a buscarme al aeropuerto, una vez más el "mate" australiano al auxilio, cuando entré en el coche y vi el volante enfrente de mí, me acordé de que Australia, como buena colonia inglesa, tiene los coches con el volante a la derecha. Hecho el cambio de asiento deje que James condujera disfrutando del paseo. Sidney amanecía soleada con un precioso cielo azul, todo estaba en perfecto estado de revista, las casas, los jardines, supongo que cuando tienes enfrente la majestuosa bahía debes intentar que la ciudad este acorde a esa belleza y he de reconocer que ese domingo a mí me lo parecía.

Australia empezó a llegar a mi vida cinematográfica con una hornada de películas en los 80, la divertida "Cocodrilo Dundee", la muy inquietante "Calma total" con una jovencísima Nicole Kidman; "Mad Max", que se rodó en el año 1979, aunque su estreno fue en 1980, trajo a nuestras vidas a un "mate" que ya no se iría: Mel Gibson. Peter Weir, un gran director australiano, también en esos años nos brindaba ya desembarcado en EEUU la brillante "Único testigo", con un "mate" de excepción: Harrison Ford... Australia se ponía en el mapa cinematográfico. Los australianos, después de explorar su continente, se disponían a la conquista del séptimo arte.

Era domingo y después de mi escala en Buenos Aires tocaba alojarme en casa de mis amigos Jesús y Asun en Mosman, en la parte norte de Sidney. Aprovechamos para bajar a la playa y disfrutar del sol invernal, que conseguía que nos sintiéramos en primavera, pero ese sol en Australia no es muy amigo. Aquí los niños tienen en su uniforme escolar el sombrero como prenda obligatoria, la capa de ozono es tan delgada que hay que ponerse crema solar todos los días, llevar gafas de sol y procurar no exponer mucho la piel al sol. Yo iba a estar solo unos días, venía de la lluvia en Argentina, con lo que me aplique la crema, deje que el sol me calentara y disfrute de la maravillosa playa de Mosman. La gran bahía de Sidney hacía posible que cada barrio, cada zona de la ciudad, contase con una bonita playa.

El día siguiente después de un paseo por la playa de Manly, cogimos el ferry dispuestos a ver la opera y tener ese primer encuentro desde el mar... ese primer contacto con la ópera y la posterior visita fueron unas experiencias sublimes.

Tantas veces la has visto en televisión o en fotos que la impresión es la de ver a un viejo conocido, pero enseguida te das cuenta que os conocéis poco, igual que el viejo conocido te cuenta su vida y descubres lo poco que le conoces, lo mismo pasa con la opera. Te das cuenta que no es un único edificio, sino que son tres formando un todo unitario, te das cuenta que las cubiertas que siempre vistes en las fotos blancas, tienen formas, colores... ¡y que están hechas de azulejos! Te sorprende la majestuosidad, el diseño de los interiores, las dimensiones, las formas imposibles, la modernidad de la propuesta y sobre todo la tranquilidad que transmite. Jorn Utzon, el arquitecto danés que diseño esta maravilla y que gano el concurso presentando un simple boceto y al que despidieron antes de que la acabara, para vergüenza eterna de la ciudad de Sidney, pensó en la opera como un gran barco. Según te alejas de ella y entras en el vecino jardín botánico, ves claramente esa forma, esa majestuosidad de los barcos veleros con las telas henchidas, listo para partir, listo para explorar nuevos mares, para transportar mercancías y personas, para comunicarse con el mundo, y entiendo que para Australia, un país rodeado de mares, tener como símbolo un barco es algo natural. Como además en ese barco viaja la cultura, transmite belleza y comunica conocimiento, la metáfora es perfecta.

Uso de Cookies: Las cookies de este sitio web se usan para personalizar el contenido y los anuncios, ofrecer funciones de redes sociales y analizar el tráfico. Además, compartimos información sobre el uso que haga del sitio web con nuestros partners de redes sociales, publicidad y análisis web, quienes pueden combinarla con otra información que les haya proporcionado o que hayan recopilado a partir del uso que haya hecho de sus servicios. Más información