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"Me gusta tratar al espectador como me gustaría que me trataran a mí"

El ceutí Jesús Zurita expone en la galería Artizar de La Laguna una quincena de obras entre dibujos a tinta y acrílico sobre papel y acrílico sobre lienzo, bajo el título "Boca de energúmeno".
El Día, S/C de Tenerife
12/jun/18 6:15 AM
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"Me gusta tratar al espectador como me gustaría que me trataran a mí"

Un trabajo minucioso, sugerente, metafórico y misterioso, entre otros calificativos, es lo que presenta el artista ceutí Jesús Zurita (1974) en la galería Artizar de La Laguna hasta el 23 de junio, que expone por primera vez en Tenerife.

"Boca de energúmeno" es el título que engloba la quincena de piezas de varios formatos que exhibe, entre dibujos a tinta, tinta y acrílico sobre papel y acrílicos sobre lienzo, en los que insinúa "realidades" que le inquietan y en las que están muy presentes la naturaleza y el ser humano.

Esta serie de cuadros reflejan la experiencia de un momento en la vida del artista, en los que se refiere de alguna forma a la violencia, el miedo y lo inquietante que el autor ha detectado "en la boca de aquel que grita mucho y vigila poco el contenido", o como afirma el comisario de la muestra, Omar-Pascual Castillo, "que pretende escapar de este presente absurdo, cuajado -sobrepoblado quizás- por energúmenos al mando".

El artista busca que el significante, los elementos que pueblan su pintura y su toma de posición política, sean abiertos en cuanto a su interpretación. "No me gusta el panfletismo, la militancia de lo obvio, por eso no me gusta recurrir a cierto tipo de imágenes que acaban más cercanas a la catequesis que al cuestionamiento, que al fin y al cabo es de lo que se trata".

"Me gusta tratar al espectador como me gustaría que me trataran a mí. Ni más ni menos que disponer de opciones ante las que pueda moverme con libertad, antes que pintar a un Trump acalorado, o a un Putin cabalgando a torso descubierto, o cualquiera de estas joyitas que están modelando el mundo el que vivimos. Prefiero echarles por encima la sábana de la pintura y que su presencia se delate más por sus contornos que por sí mismos", apuntó.

Todos los cuadros de la muestra tienen su "nombre" como una forma de completar la imagen, pero sin ánimo de influir en la interpretación del espectador, aunque sí sugieren elementos propios de su lenguaje plástico que se refieren a lo vegetal, lo animal, la carne y su irrigación, en definitiva, pero con un carácter poético a través de las texturas que "fabrica" concienzudamente en sus composiciones.

Zurita, que se siente fascinado por la pintura japonesa y la china, aseguró que en esta serie hay un combinado de elementos figurativos y abstractos, además de manchas novedosas en su pintura.

"La mancha aparece en esta exposición como novedad. Soy casi más dibujante que pintor. He tenido siempre esa espinita, casi cobardía, con respecto a la pintura. En esta exposición he intentado un poco indagar hacia dónde me lleva la mancha sin imponerme nada, ni buscar puntos de encuentro con otros territorios que sí tengo más marcados. En los cuadros grandes, sobre todo, hay una exploración muy fuerte y profunda en lo que hago".

Este joven artista empezó su carrera artística como dibujante de cómic, motivo por el que su obra está condicionada por una importante estructura narrativa, protagonizada por la figura humana, hasta que acabó en la pintura pero con un presupuesto muy abstracto.

"Empecé muy cercano al minimalismo. Lo que ocurre es que con el tiempo la figura humana me llamaba, me daba golpes detrás de la tela y me demostraba que está ahí, encriptada. De mi manera de acercarme a la naturaleza, de describirla, casi no soy capaz de dibujar o pintar la hierba".

"En realidad -añadió- estoy pintando carne. La textura es más cercana a la de la carne que a la de la hoja, el matorral o el arbusto. Lo humano está en el punto de fuga. Lo merodeo a través de temas sustanciales, lo violento, el miedo, el cobijo, lo que nos cuida, las heridas, y lo sitúo ahí, lo específicamente humano como punto de fuga".

Él concibe el mundo del arte como una especie de testigo de la historia, una contrarréplica, aunque cree que socialmente fracasa en cuanto a su penetración en el tejido de lo cotidiano, que se ha alejado un poco de lo diario.