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La casa de Franco: unas ruinas con historia

En mitad de Anaga permanecen los restos de un inmueble del que hay quienes señalan que allí se alojó el dictador y que presenta vínculos con Benito Pérez Armas y Lorenzo Martínez Fuset.
D. Ramos
15/ago/16 3:10 AM
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/ÁH

E n la zona de El Moquinal, en la Anaga lagunera, en un entorno de vegetación frondosa y el mar a lo lejos, una construcción sorprende a los senderistas menos acostumbrados a este enclave y no deja indiferentes a los que ya lo conocen. Es la Casa de Franco o Casa Fuset, hoy unas ruinas por las que hay quienes mantienen que pasó el dictador y que también están vinculadas al literato lanzaroteño Benito Pérez Armas y al militar Lorenzo Martínez Fuset.

La vivienda aparece en mitad de este enclave como surgida de la nada. La primera imagen: una escalera de mampostería con tonos rojizos y recubierta de hojas secas y tierra, con puntos de vegetación muy tupida que conducen hasta el edificio. Una de las primeras conclusiones es que no debió ser nada fácil su construcción. Y es que, aunque está relativamente cercano al que al menos hoy es un camino más amplio, para llegar al lugar se debe superar un tramo de vereda típica del Macizo.

Las versiones sobre los orígenes de la vivienda que mantienen habituales del senderismo y vecinos de los caseríos más próximos entran en contradicción, tanto sobre quiénes fueron los dueños de los terrenos como en si Francisco Franco pasó o no por allí. Una explicación documentada es la publicada en 2013 por Melchor Padilla en su blog "Lo que las piedras cuentan", en el que no descarta esa última posibilidad y, sobre todo, aclara las vinculaciones con Pérez Armas y Fuset: el primero se casó en 1914 con la lagunera Elena González de Mesa, cuya familia era la propietaria de las huertas en las que se edificó la casa, mientras que el segundo, ubedeño, fue destinado a Tenerife y se casó con una hija del literato. "Con la llegada de Franco a la Capitanía de Canarias, Fuset entabló con este y su familia una estrecha amistad", indica Padilla, para mostrar los vínculos que no hacen descartable que aquel se sumase a una de las reuniones de amigos realizadas allí.

Lo que queda hoy de aquello es un espacio marcado por grandes cantidades de basura acumulada, resultado fundamentalmente de fiestas clandestinas, así como numerosos grafitis en sus paredes, tanto en el interior como por fuera del módulo principal. "Nunca estuve aquí", "Entren, caben 100" o los nombres de algunos de sus visitantes son algunas de las pintadas que se pueden localizar en un espacio que tiene zonas en las que el techo fue sostenido con una especie de raíles a modo de vigas. Mientras tanto, en la zona exterior se descubre un punto redondeado con una superficie de cemento desde donde se divisa el entorno.

Para completar la historia, otro de los rasgos que caracterizan a la Casa de Franco es su vinculación con el campo de lo paranormal. Varios vídeos colgados en internet de aficionados a esta disciplina e, incluso, un contenido del conocido programa televisivo "Cuarto Milenio" ahondan en supuestos fenómenos extraños que se producen en este singular recinto incrustado en el medio del monte de Anaga.