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Un Hércules solidario

Ancor Sánchez, propietario del Hércules Sport Center, colabora desde hace años en una infinidad de actos solidarios, una enseñanza de la vida.
O.G.
22/ene/17 0:57 AM
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Un Hércules solidario

L os músculos y tatuajes con los que se presenta podrían dar una imagen de tipo duro e, incluso, distante. Sin embargo, dos minutos de conversación valen para comprobar que es todo lo contrario: un torbellino de palabras, ideas y, sobre todo, de solidaridad.

Ancor Sánchez, propietario del Hércules Sport Center, un gimnasio ubicado en la carretera general del Sur, a la altura del barrio de El Chorrillo, aprovecha ahora su posición, en cierta medida, privilegiada, para poner su "granito de arena" en todas aquellas causas solidarias que así lo requieran.

Son varios los ejemplos en los que este joven criado en el barrio de Santa María del Mar ha depositado su esfuerzo y el de su equipo, gran parte de ellos en el distrito Suroeste de la capital tinerfeña. Uno de los últimos tuvo como protagonista a la niña Gisela Dávila, que nació con parálisis cerebral y displejía espástica. Y ahora se afana en recoger tapones de plástico para la causa de Gara Brito, a la que le diagnosticaron un osteosarcoma en el fémur derecho.

Lo hace, por un lado, aprovechando contactos que ha ido haciendo a lo largo de su vida, y, por otro, sorteando bonos de su gimnasio. Y todo ello, en ocasiones, con las dificultades propias de la burocracia que caracteriza a las administraciones: permisos, seguros, papeles...

Su afán por colaborar es tal que tampoco ha dudado en patrocinar un equipo de fútbol americano, el Pegasos Tenerife; otro de montaña, el Pica Pinos; y la "Escuelita" de fútbol de "su barrio", Santa María del Mar. Allí se encuentra, precisamente, el origen de su solidaridad. "Vi la necesidad porque al lado de mi casa repartían comida. Aunque no soy rico, me gusta dejar algo de mis beneficios para los que lo necesitan", enfatiza Ancor. "Sé lo que es pasarlo mal", añade.

Y con ello relata la difícil juventud que le tocó vivir cuando decidió cambiar los estudios por el trabajo, atraído por las cinco mil pesetas que ya ganaba con 14 años. "Algunos siguieron el camino equivocado", reconoce ahora. Él se salvó por poco: seis meses viviendo en la calle y tres en un coche así lo atestiguan.

Finalmente, salió. Su carácter emprendedor hizo que, con apenas 23 años, montara una empresa de reformas que lo llevó a La Gomera y a Holanda, regentó durante unos meses un pub y se hizo cargo de otro gimnasio. Luego fue seleccionando, algunas veces por la fuerza de la realidad. "Fracasé algunas veces por no tener conocimientos", subraya.

"Pero la suerte existe, y uno la saca siendo positivo". Así resume el cambio que dio su vida cuando, según reconoce, dirigió el rumbo hacia la vertiente deportiva. Y ya son seis años, los tres primeros en Santa María del Mar, en el gimnasio Venus, y ahora en el Hércules Sport Center de El Chorrillo.

¿Por qué Hércules? "Me gusta la mitología griega. De hecho, tengo el cuerpo tatuado de personajes mitológicos", detalla. Otra pista más de su personalidad. Claro que a él no le hace falta que nadie lo castigue con doce trabajos como al personaje de la mitología para que su establecimiento sea un no parar de ideas.

"Es un negocio en el que la gente se aburre. Intento que quien venga se olvide de sus problemas cuando entra aquí", reconoce. Por eso insiste en introducir mejoras cada vez que puede. Este año la inversión será de 50.000 euros. Entre otras novedades avanza la creación de una jaula para calistenia. El otro gran proyecto que pretende poner en marcha depende, en este caso, del Ayuntamiento de Santa Cruz. En concreto, del área de Urbanismo.

Desde hace más de un año espera por un permiso para poder habilitar un solar que está al lado del gimnasio como pista americana, y también por que el área de Tráfico marque unos aparcamientos en la calle Cigarrillos. "La expectativa es seguir creciendo", asevera. "Me gustaría enganchar a la gente mayor con precios muy asequibles", incide este emprendedor.

Por eso no duda en reclamar también una parada de guaguas, un paso de peatones, bandas sonoras y alumbrado en el tramo de la carretera en el que, entre otras empresas, está el gimnasio. "Aquí han atropellado gente. Se necesita más seguridad", añade. Y continúa con un listado de ideas que no paran de fluir. Energía para defenderlas no le falta.

A sus 34 años, Ancor Sánchez reconoce que ha habido momentos en los que ha podido rendirse, pero remarca que "ha salido adelante". Lo tendrá que seguir haciendo si pretende alcanzar su próximo objetivo: ser padre. Eso sí, sin dejar de ser solidario.