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Día de Todos los Santos: la tradición única de Monterroso y su feria

Javier Ramos, Monterroso (Lugo), EFE
1/nov/18 12:37 PM
eldia.es
Eliseo trigo (EFE)

Considerada popularmente como la feria de las ferias, no en vano su origen se remonta al medievo, el municipio de Monterroso, en Lugo, celebra de manera festiva el Día de Todos los Santos, con un mercado de animales y una suerte de bazar en el que es posible desde probar pulpo hasta adquirir variada bisutería.

Su nacimiento data del 1450, fue declarada feria de interés turístico gallego en el 2011 y, por su lugar de celebración, puede asociarse a la canción popular: "Se ti viras o que eu vin, alá arriba en Monterroso; vintecinco xastres xuntos, a cabalo dun raposo".

En su traducción al castellano: "Si tu vieses lo que yo he visto, allá arriba en Monterroso, veinticinco sastres juntos a caballo de un raposo".

Son cientos de puestos ambulantes, muy concurridos a lo largo de toda la mañana e incluso en las comidas, los que se instalan en toda la extensión de las principales calles de la villa, donde se ponen a la venta cirios, rosquillas y demás artículos, cualesquiera que sean, puesto que hasta los que a bote pronto podían resultar más inimaginables, allí están.

El origen de esta exitosa romería descansa en la condición de punto de encuentro de la propia localidad de Monterroso, enclavada en la provincia de Lugo y donde se producía una importante concentración de ganado, llegado de toda Galicia, antes de ser trasladado a Castilla para cultivar los campos.

En la actualidad, al margen de la exhibición caballar, la Feira dos Santos, como se le denomina, persiste como referente del gran muestreo de los productos de temporada, que en estas fechas van desde los suculentos quesos hasta las castañas, pasando por las nabizas y la miel.

También de los aperos de labranza, ropa, calzado, artesanía y, por supuesto, flores, que no faltan.

Los licores tienen igualmente su hueco en esta cita, véase el caso de brebajes tales como el licor café o de hierbas, o el orujo en sí.

Y algo que parece no haber cambiado a lo largo de estos años, llueva o no, es el ambiente de jolgorio y las ganas de encontrarse con los amigos, parientes y compañeros en las carpas, prueba de ello es el hervidero de gente que se concentra.

No es casual, por tanto, que las ollas empiecen a calentarse a primera hora de la mañana y no se apaguen hasta bien avanzado el día.

Sin duda alguna, un menú sencillo típico de esta feria, y de gran éxito entre los visitantes llegados de toda la Comunidad, del resto de España e incluso de otros países, es una ración de pulpo con pan de Monterroso y un vaso de vino de Chantada (Lugo).