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A BABOR FRANCISCO POMARES

Lección de historia

3/dic/18 6:24 AM
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Los sondeos volvieron a pifiarla en Andalucía, demostrando de nuevo una de dos: o que este es o un país de mentirosos, o que las empresas españolas de demoscopia son básicamente incompetentes. O incluso las dos cosas. Aún así, a pesar del despiste en relación al crecimiento espectacular de la ultraderecha en Andalucía, con casi el once por ciento de los votos y 12 diputados regionales, lo esencial del pronóstico se mantiene: tras las elecciones Andalucía resulta ingobernable. Ninguna de las combinaciones posibles es viable, porque ninguna alcanza los 55 votos necesarios, excepto una que agrupe al PP, Ciudadanos y Vox, hipótesis de imposible plasmación. Ciudadanos no apoyará un acuerdo para gobernar Andalucía para que lo capitanee el PP, asumiendo el desgaste de apoyarlo junto a Vox. Probablemente otro gallo cantaría si fuera el candidato de Ciudadanos quien se postulara para la presidencia andaluza, ya se dijo en campaña. Pero el PP ha superado en dos puntos a Ciudadanos, y no va a permitir que Ciudadanos tenga el protagonismo en el nuevo gobierno, con lo que eso supondría de efecto rebote en unas elecciones legislativas. La opción de un acuerdo presidido por el PSOE, y que cuente con el apoyo de Ciudadanos -probablemente la más viable en términos de lógica política-, roza la mayoría absoluta, pero requeriría de la abstención de al menos dos diputados de otras fuerzas. Y eso no va a ocurrir. El resto de las opciones -un acuerdo de izquierdas o uno entre el PP y Ciudadanos-no alcanzan ni de lejos los votos suficientes para sostener una investidura. Andalucía se verá probablemente abocada a convocar nuevas elecciones, excepto que el PSOE asuma la opción de dejar gobernar al partido de Rivera, y el PP se sume a esa posibilidad, como el propio Rivera reclamaba ya anoche. Pero eso es política ficción...

Estas elecciones van a servir de bien poco, y probablemente no conduzcan a un nuevo gobierno, sino a otras elecciones con resultados muy parecidos. Vamos a tener que ir acostumbrándonos a la incapacidad para alcanzar acuerdos y el egoísmo de nuestros políticos.

Mientras lo hacemos, quizá bueno sería recordar algunas cosas: la primera es que la izquierda retrocede en Andalucía del 57 por ciento de los votos al 46 por ciento. Una derrota histórica. Pero es que cada vez que el PSOE ha pactado con su izquierda, o ha sacado a relucir su lado más radical, ha retrocedido electoralmente. Los resultados electorales del PSOE en su feudo son la primera demostración de hacia dónde conduce la radicalización del PSOE y su entrega a las estrategias podemitas. El PSOE solo ha logrado gobernar en España cuando se ha situado en el centro, que es donde el PSOE puede crecer. La técnica de intentar ser más de izquierdas que Podemos, por un lado, y de demonizar a su aliado natural -Ciudadanos, un partido con declarada vocación centrista, acusándolo de ser de ultraderecha- aísla al PSOE de sus aliados políticos naturales, los mismos que mantuvieron a Susana Díaz en la Presidencia del Gobierno de Andalucía, exigiendo a cambio tan solo el cumplimiento de los compromisos de regeneración y pérdida de aforamiento.

Si la Historia nos proporciona una lección, es que el PSOE crece cuando se acerca al centro, y retrocede cuando se entrega a la izquierda radical. La actual dirección socialista no entiende lo que le pide este país. Solo escucha a una militancia secuestrada por Podemos. Sánchez ha logrado en tan solo seis meses lo que no logró nadie en 40 años: colocar al PSOE al borde de perder Andalucía, su mayor reserva de votos en España.

A BABOR FRANCISCO POMARES