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A BABOR FRANCISCO POMARES

El regreso de Manny

9/mar/19 3:13 AM
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No suelo compartir las ocurrencias de la alcaldesa de Güímar, Luisi Castro, pero admito que su defensa del cantante Manny Manuel, que actuará en el Carnaval de Güímar el 30 de marzo, me ha parecido sensata y humana. La alcaldesa ha dicho que el cantante se merece una "segunda oportunidad", y yo comparto su criterio. Todo el mundo se merece una segunda oportunidad. No he escuchado cantar a Manny Manuel -al menos no conscientemente- ni una sola vez en mi vida, y no soy siquiera capaz de recordar su cara. No sé si es rubio o moreno, alto o bajo, gordo o flaco. Lo que sí sé es que al hombre se le fue la pinza por ingesta indiscriminada o combinada de lo que fuera, y no logró balbucear más que un par de memeces en el escenario del Carnaval de Las Palmas, provocando la pronta intervención de la concejala responsable, Inmaculada Medina, que sacó al cantante del escenario sin contemplaciones. Todo el mundo aplaudió la decisión de la señora Medina, porque (aunque nos guste decir lo contrario) todos sentimos una suerte de secreta atracción por las manifestaciones de autoridad. Los medios aplaudieron el arrojo e la señora Medina como si se hubiera enfrentado a un león enfurecido y no a un pobre señor perjudicado, y la concejala vivió sus minutos de gloria, mientras el cantante vivía sus días de oprobio y humillación.

Qué quieren que les diga: probablemente fue un ejercicio de decencia de doña Inma Medina evitar que el pobre Manny siguiera gorgeando sus pío pío y haciendo un espantoso ridículo en el escenario, pero la unánime reacción de condena contra el hombre me pareció desde el minuto uno un exceso: es cierto que parecía bastante puesto, no sabemos si por beber más de la cuenta o por mezclar medicación y bebida, ni tampoco es asunto nuestro. No debía seguir en el escenario, y se hizo lo que se tenía que hacer, pero la furia inquisitorial desatada en tertulias y bares fue a mi juicio puro delirio. Que yo sepa, el pobre diablo no mato a nadie, ni estaba conduciendo un tráiler, ni provocó nada diferente a su propio bochorno. La airada reacción de los alcaldes de Santa Cruz y el Puerto de la Cruz, anunciando la cancelación de sus actuaciones, se me antoja más fruto de querer imitar la aplaudida demostración de autoridad de la concejala de Las Palmas que otra cosa.

Manny Manuel no es un delincuente, y su pública cogorza, más que una afrenta al carnaval, podría ser considerada como un homenaje, una voluntad de confundirse en el ambiente y paisanaje de un carnaval que año tras año aumenta exponencialmente el número de intervenciones de emergencia ante situaciones de borrachera aguda, cada vez más habituales entre el respetable. Más que abjurar de la falta de respeto del cantante al carnaval, podríamos haberlo nombrado santo patrón de las fiestas. Y el que esté libre de pecado que vomite el primer ron.

Manny Manuel ha sufrido sin quejarse la ira inquisitorial de una sociedad cada día menos tolerante con los defectos y faltas de los otros, ha reconocido sin excusas su desastrosa interpretación del 24 de febrero, y ha pedido disculpas por activa y por pasiva a todo quisque. Este hombre no solo se merece la segunda oportunidad que le brinda la duquesa de Güímar, siempre tan atenta ella a la farándula. Se merece también la comprensión y el respeto de todos nosotros. Porque no se si canta bien o mal, pero a pedir perdón con humildad no le gana aquí nadie.

A BABOR FRANCISCO POMARES