A BABOR FRANCISCO POMARES

Todos muertos (de miedo)

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Tengo dos amigos británicos. Uno se llama Brian Morris, vive su jubilación entre El Médano y California, y es -probablemente- el tipo que más sabe de Pedro García Cabrera en el mundo. Brian, profesor universitario jubilado, es el típico galés: uno podría encontrarse en cualquier esquina de Bath con un puerro sobre la boina, y es pícaro y listo como la tea. No creo que jamás hubiera picado.

Mi otro amigo sí es inglés. Vive en Clipstone, un pueblo mínimo casi pegado a Sherwood, donde dicen que Robin y su panda de forajidos simpáticos se la pasaban cazando los ciervos del rey y robando sus impuestos para correrse imponentes juergas campestres con las mozas del lugar. Es verdad que hay versiones más infantiles de la historia, pero mi amigo Will siempre me insiste en que son fantasías pasadas por la turmix de Hollywood, y que el verdadero Robin no tenía nada que ver con el ágil y atildado Errol Flynn, ni con el apuesto Kevin Costner, ni mucho menos con el sufriente Russell Crowe. Era más bien, según Will, una suerte de golfo de cuidado, un cruce entre el borrachín y orondo fraile Tuck y el zorro gallardo de Disney. Will se parece bastante a esa descripción de Robin y es de esos amigos que no se creen los cuentos. O eso pensaba yo hasta ayer.

Ayer me llamó el hombre por teléfono (algo muy raro, Will tiene antepasados de las Highlands y es un agarrado de cuidado), para preguntarme alarmado por los cien terremotos que habrían dejado las ciudades de esta isla piedra sobre piedra y por los ríos de lava que habrían acabado de hacernos la faena. Will había escuchado en una radio regional, camino de su trabajo, lo que ayer contaban al unísono los tabloides británicos: una revisión en amarillo del Infierno de Dante, pero mal escrito. Terremotos, incendios, explosiones, magma y lapilli, convirtiendo esos sures disolutos de la isla en la Pompeya del Siglo XXI.

Ejem...

Fueron los yanquis los que inventaron el periodismo sensacionalista y le dieron color (entre el huevo y el limón) a esa forma de alimentar el chisme y envolverlo en papel prensa. Pero es verdad que los británicos se han convertido en maestros indiscutibles del género. Sus tabloides son capaces de publicar en primera que los funcionarios de Bruselas están bajo dominio marciano; que Hitler vive aún, ya muy mayor, refugiado en Australia en casa de Mel Gibson; o incluso cosas más graves, como que Zac Efron usa peluquín, se pincha botox en los pezones y tiene un caniche rosa. Ahora han encontrado una piedra que puede ser exprimida hasta dar aceite, y van a sacar hasta la última gota: 'The Sun', uno de los tabloides más leídos del universo conocido, con 8 millones de copias (eso dicen, aunque tampoco hay que creerles todo lo que dicen), ha sido el más moderado: "Alerta de erupción. Pánico en Tenerife mientras la isla de vacaciones registra cien miniterremotos que hacen temer una erupción del gigantesco volcán Teide". El 'Daily Star' va un poco más allá y alerta a los turistas británicos de que las islas viven una situación de pánico ante el "temor a que un enorme volcán esté a punto de escupir lava fundida después de casi cien terremotos que sacudieron Tenerife en tan sólo cuatro horas". Incluso describe el hipo telúrico de los microsismos como "una secuencia terrorífica". Aunque en toda la isla no despertara a nadie.

Se lo explico al colega Will, y le digo que aquí sólo se han enterado los sismógrafos. Se queda mucho más tranquilo. Para Will Tenerife es un lugar a preservar por encima de cualquier otra sitio del planeta, un destino realmente único en el mundo: en ninguna otra parte ha encontrado la cerveza tan barata.

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