La profundidad del cambio

Ocho semanas después del comienzo de la Liga, el Tenerife está en pañales. El tiempo dirá, pero el error estratégico con Etxeberria -porque fue un error, o bien ficharlo o bien echarlo-, puede ser un lastre para toda la temporada. En este caso concreto, el de la destitución del entrenador vasco tras la quinta fecha, no cabe esperar el acostumbrado efecto revulsivo. Con Etxeberria el Tenerife estaba vivo, los jugadores (con excepciones como las habrá ahora con Oltra) demostraban trabajar comprometidos y, más allá de que el equipo no tuviera juego con la pelota, había una gran predisposición cada partido. Cambiar de técnico y tirar a la basura toda una pretemporada, fue desmontar por completo al equipo y generar la duda en el jugador en este proceso de adaptación a una nueva idea. A la propuesta de Oltra hay que darle tiempo, incluso a pesar de que a los futbolistas les gusta más esta manera de jugar.

De Exteberria a Oltra la transformación es muy profunda. Vertiginosa para llevarla a cabo compitiendo cada semana, sin tiempo para construir bien unos cimientos y con las urgencias de la clasificación, que siempre pesa. Ha sido cambiar el pase largo por el inicio elaborado, escalonar el progreso con el balón con otro tipo de enganches por dentro y sustituir la estructura que repartía los espacios de una manera (4-2-4) por otra (3-4-3) con roles diferentes para al menos 9 de los 11 que salen al campo. El paso de Etxeberria a Oltra es grande en estructura táctica y en idea de juego, pero también en mentalidad. Antes todo se basaba en la intensidad, en el despliegue, en el esfuerzo… ahora todo pasa por la pelota y eso, cuando los mecanismos no están bien engrasados para atacar con soltura y manejar bien la recuperación rápida del balón, deja la sensación de amaneramiento.

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